BLANCA (TERCERA PARTE Y FINAL)
Si te perdiste la segunda parte o simplemente quieres recordarla, la encontrarás aquí.
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Cuando una persona va a morir lo primero que siente es cómo se paraliza todo su cuerpo ante la comprensión de que está llegando al final. Cuando comprende que es inminente entra en un estado de histeria y de pánico, utiliza las fuerzas que le quedan para intentar escapar de la Muerte.
Cuando descubre que nada puede hacer, cuando se da por vencida, cuando desiste y llora por temor, por nervios, por ese recuerdo de la infancia, por aquel pecado insignificante…Cuando descubre que ha malgastado su vida en amores insufribles, en hacer daño, en el dinero, en el abuso de poder es cuando realmente sabe que lo más humano que se puede hacer es morir.
El hombre, desnudo sobre una cama, esposado a la cabecera estaba acurrucado como un animal amenazado esperando el último envite. No tenía nada que ver con el hombre arrogante y seguro de sí mismo que había contratado a Malko hacía ya dos semanas para matar a Blanca.
Lev Malko miraba sin expresión a aquel despojo humano. Era la perfecta caricatura del cazador cazado, y en su propia trampa, nada menos. La habitación estaba dispuesta como él quería para el último acto con la chica que quería matar: Terciopelo rojo en las paredes, el espejo en el techo, a la altura de la cama; las cadenas. Hasta una colección de instrumentos para tortura y una botella de whisky.
La figura de la chica emergió de la oscuridad, como una aparición angelical. Su mirada era dura pero determinada a poner punto final a aquella historia de abusos y miseria, por decir que no. Por no sucumbir al poder de aquel bastardo malnacido y mantenerse firme. Ahora él sabría lo que es el abuso. Sabría lo que es temer por su propia vida.
Malko entregó a Blanca el sobre con el dinero que le habían pagado para matarla. Era suficiente para ayudar en casa o iniciar una nueva vida, en la que poder vivir en libertad. Lejos de los poderosos que compran el silencio y los pobres que miran a otro lado aceptando como normal lo que no lo es.
Malko puso una mano sobre el hombro de la muchacha y abrió la puerta para marcharse, cuando el tipo de la cama preguntó:
— ¿Por qué?
Y recordó el momento en que lo contrató para aquel trabajo.
— Porque, como usted mismo dijo, ella quería tener un hombre en la cama. Y ese era usted.
Lev Malko salió a la calle y se perdió entre los perfiles anónimos de aquel extraño toque de queda. No volvió la vista atrás, no buscó la ventana de la habitación. Tampoco le importaba lo que Blanca hiciese o no con él.
Había salvado a un ángel que hacía más rico al Mundo.
Le había regalado la libertad. Y ella le había regalado la oportunidad de sentirse mejor. De ser mejor.
Y había recibido el mejor pago por ello: Una sonrisa.
La sonrisa de Blanca.
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