LAS PENAS NÁUFRAGAS
En algún lugar, un cigarrillo se consumía lentamente. El humo caminaba con parsimonia y contorneándose hacia su desaparición en la cúpula de los sueños, arrastrando el cansancio que producen los sentimientos mal invertidos e historias sin finales.
La cabeza volaba de aquí para allá, sin saber dónde reposar; buscando desesperadamente un resquicio donde poder poner las ideas en claro. Las penas sobrevivían al empeño del alcohol por ahogarlas y mirase donde mirase siempre estaban presentes.
Muy dentro de sí, el corazón gritaba de incomodidad y la respiración luchaba por salir de aquella situación de asfixia ante la ignorancia de gestionar bien aquello.
¿Por cuántas personas se veía así?
¿Cuántas sabían que estaba así de angustiado?
La vida transcurría solo para algunas personas, el resto no importaba. Daba igual lo que sintiera, pensara o necesitase… Ellos vivían a toda costa, minando la vida de los demás. Lo llamaban felicidad.
Las penas náufragas continuaban meciéndose en la superficie de una bebida que no sabía a nada y pensó que él también era uno de ellos, salvo que un vaso más grande. ¿Quién sabía si ese vaso, en el que él intentaba sobrevivir, era contemplado por otro ser? ¿Tal vez Dios o tal vez el escritor este que nos escribe la vida?
¿Quién sabía?
Un mensaje de texto se dibujó en la pantalla de su móvil.
«Te necesito. ¿Podemos vernos?».
Solo lo querían cuando lo necesitaban. Un suspiro de cansancio hizo temblar el ambiente y la palabra «desaparecer» se iluminaba como el rótulo de una salida de emergencia.
Pero se apresuró en salir para atender la necesidad de aquel mensaje.
Hay almas que no quieren ser salvadas.
Lo llaman felicidad.
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Imagen by versosentupiel.wordpress |
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