El canal
El problema empezó cuando el perro de la familia, Brego, desapareció una noche y por más que lo buscaron, sólo escuchaban sus ladridos de ultratumba a través de las paredes y el suelo. La desazón comenzó a inundarlos cuando pasaban los días y los gemidos del perro se oían cada vez más lejanos y no entendían nada de lo que estaba pasando.
Llamaron a la tele y una médium contactó con ellos asegurando que la casa estaba llena de espíritus; llamaron a la policía, a los bomberos y hasta a un sacerdote experto en exorcismos.
Cuando los lamentos de Brego dejaron de escucharse, él, presa de la desesperación, comenzó a golpear en el sótano con la primera cosa que encontró, un hierro oxidado que siempre estuvo allí, apoyado en la pared y en uno de los golpes, se abrió un pequeño agujero en la losa de cemento del suelo: estaba hueco.
El canal pasaba por debajo de la casa. No se sabía muy bien cuándo ni quiénes lo construyeron, pero debía tener más de dos mil años; los arqueólogos no salían de su asombro. Se bifurcaba en túneles horadados en la roca, de los que no se adivinaba el final.
Ahora sólo había que encontrar al perro…
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