LA OPORTUNIDAD
No sabía cómo llegó allí ni desde cuándo escuchaba, pero había momentos en que se descubría mirándolo.
No sabía por qué pero sus ojos siempre terminaban posados en aquel baúl viejo y moribundo. A veces, su imaginación le jugaba una mala pasada y creía escuchar el tétrico chirrido de las bisagras al abrirse; la mano muerta de los recuerdos que se asomaba para aterrorizar al vivo…
Pero nunca se abrió. Nunca apareció esa mano.
A veces, hablaba solo mientras hacía las tres o cuatro tareas de su casa y al final terminaba sentado a la mesa, con una cerveza y conversando animadamente con aquel trozo de madera. Era el momento en que se frenaba en seco, como quien tiene miedo a contar demasiado… Y en realidad, no tenía nada que contar porque su vida era un recipiente vacío; un eco sordo, un reflejo de la vida de los demás.
Aquella conclusión le heló la sangre.
La mano de los recuerdos no se asomaba porque no había nada que recordar.
Presa del pánico lo abrió con violencia.
¡Sí, allí estaba!
No había nada, estaba vacío. Salvo por un pequeño detalle. Una oportunidad. Un folio en blanco para comenzar a escribir su vida. Para crear recuerdos, para formar parte del mundo en el que vivía.
Pero lo dejó.
Se sentó ante el baúl con una cerveza.
No quería formar parte de este oscuro mundo de luchas sin sentidos y amores mal invertidos. Ya sufría bastante conviviendo con su baúl.
Si a nadie le dolía que no lo recordasen, a él no le dolería vivir.
Brindó con su sufrimiento y obtuvo algo cercano a la felicidad.
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| Imagen by escueladeescritores.com |



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