HOY COMAMOS Y BEBAMOS


Cancionero de Palacio, Villancico final de la Égloga 6


Oy comamos y bevamos,
y cantemos, y holguemos, 
que mañana ayunaremos. 

Por onra de Sant Antruejo
parémonos oy bien anchos,
embutamos estos panchos,
recalquemos el pellejo: 
que costumbre es de concejo 
que todos oy nos hartemos,
que mañana ayunaremos. 

Onrremos a tan buen santo 
porque en hambre nos acorra; 
comamos a calca porra, 
que mañana ay gran quebranto. 
Comamos, bevamos tanto,
hasta que nos rebentemos, 
que mañana ayunaremos. 

"[Beve, Bras. -Mas tú, Beneyto.
Beva Pedruelo y Lloriente.
-Beve tú primeramente, 
quitarnos has desse preyto. 
-En bever bien me deleyto, 
dacá, dacá, beveremos, 
que mañana ayunaremos.]"

Tomemos oy gasajado, 
que mañana vien la muerte; 
bevamos, comamos huerte,
vámonos carra el ganado. 
No perderemos bocado, 
que comiendo nos yremos,
y mañana ayunaremos.


-Juan del Ecina- 1496



El Cancionero de las obras de Juan del Encina (Salamanca, 1496) constituye un hito en la literatura española desde varios puntos de vista.

En lo que se refiere a la presentación física del volumen, la crítica ha subrayado su condición de incunable, la riqueza de su ornamentación y la habilidad con que fue impreso en las prensas salmantinas.

Se trata del primer cancionero de autor que aprovechó la nueva vía de la imprenta para su difusión editorial y, desde luego, el experimento del músico y poeta supuso un éxito editorial sin precedentes a juzgar por las sucesivas ediciones, ya en época postincunable: 1501 (Sevilla), 1505 (Burgos), 1507 (Salamanca), 1509 (Salamanca) y 1516 (Zaragoza).

El apoyo de los Reyes Católicos —su escudo figura al frente de algunas ediciones— y el de la casa de Alba, a la que estaba vinculado Juan del Encina, contribuyó a culminar con éxito su empresa.

La ingente obra literaria de Juan del Encina se extiende, en la edición princeps de la imprenta de Salamanca, a lo largo de 118 folios y alcanza —si nos limitamos a la poesía— unos 15.000 versos.

A pesar de su amplitud, el Cancionero de Encina no puede considerarse como la obra de toda una vida dedicada a la música y la poesía en las cortes literarias de su tiempo. Y esto por la sencilla razón de que no contaba treinta años cuando editó su obra (había nacido en 1468) y porque no murió hasta finales de 1529.

Él mismo mencionará su juventud en el Prohemio a los Reyes Católicos –el primero de los preliminares:
«que todas son obras hechas desde los catorze años hasta los veinte y cinco, adonde para lo que en mi favor no hiziere me podré bien llamar a menor de hedad». La tópica excusatio de los fallos con el clásico recurso a la juventud del poeta no esconde la realidad: se trata de una obra de relativa juventud.

Pero con todo y eso, el talento inconmensurable del poeta, músico y autor teatral, Juan del Encina (Encina de San Silvestre, Salamanca 1468 – León, 1529), no tiene parangón. Los textos de Encina testimonian la obra literaria de un extraordinario poeta de la época de los Reyes Católicos.



Fuente: MusicaAntigua.com


Imagen de Juan del Encina acompañada del inicio de su poema
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