LA MIRADA ANÓNIMA

Jamás pensó que salir le hiciese tanta ilusión como aquella vez.

Desde que se decretó el Estado de alarma no se había movido de su casa y tenía una secreta ilusión por ver de nuevo el mundo, aquel que había dejado atrás. Aunque ahora se empeñaban en decir que estábamos entrando en la «Nueva Realidad» y eso significaba que había cambios. Y lo necesitaba. 

Porque él no había tenido cabida en el mundo anteriormente. Quizás ahora…

Calles desiertas, ausencia de tráfico, paseos errantes, todo cerrado. No había más que ver.

Una extraña sensación lo invadió y desmoralizó. 

Un transeúnte lo miró desde el otro lado de la calle. Un brillo asomó por encima de la mascarilla y continuó su marcha. Creyó reconocerlo pero no estaba seguro. No, seguramente no. Nadie lo echaba de menos, ¿quién lo iba a reconocer?

Regresó a casa con el convencimiento de que su «Nueva Realidad» no sería muy distinta de la anterior, no se le había perdido nada ahí fuera.

Pero cuando se quedó a oscuras con sus pensamientos, cuando el sueño despuntaba al final de la razón, tuvo algo a lo que aferrarse, un tesoro.

La mirada anónima de un amigo. 

Algo estaba cambiando.

Una mirada azul que alberga la esperanza de un buen cambio para el mundo
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