EL MUNDO, PATAS ARRIBA

«Estudia, que eso te dará un buen futuro, tendrás tu trabajo y tu dinero y todas las cosas que te hagan falta».
«Estudia, que así no tendrás que irte a limpiar casas para los señoritos».
«Estudia, que no tengas que depender de un hombre ni tengas que casarte si no quieres».

Clara, pensando en todas esas cosas que su madre le repetía sin cesar y en las posibilidades que le ofrecía la vida, estudió y estudió y estudió. También trabajó para sacar algo de dinero, pero sin dejar nunca sus estudios de lado; lo primero era lo primero. 

Creía ser dueña de su destino porque eso era lo que le habían dicho: que podía hacer lo que quisiera en la vida si ponía esfuerzo y empeño.

¡Y vaya si se empeñó!

Y, poquito a poco, con todo ese esfuerzo, consiguió pequeñas cosas. Un año, otro y otro; parecía que todo iba mejorando. Parecía que era verdad.

Y, de repente, en los inicios de su vida profesional «seria», cuando acababa de especializarse, llegó una crisis. Enorme, inmensa. Y dio un paso atrás. Y dos y tres y diez. Vio pasar los años y no consiguió más que trabajar para sobrevivir. Pero se podía sentir afortunada: «al menos tú encuentras trabajo», le decían. 

Una década más tarde, nada había vuelto a su sitio. Sobrevivía, sin más. Pero la vida tenía preparado un nuevo revés y bajó de escalón social aún más: ya no era clase obrera (la clase media sólo la rozó), ya estaba en «peligro de exclusión». Qué expresión tan horrible. ¿Exclusión de dónde? Principalmente, de su propia vida. Y con todos sus títulos, sus experiencias y su valía, que no era poca, se vio al borde de un precipicio. Y apenas le quedaban ya fuerzas para dar un paso atrás, aunque fuera por supervivencia… otra vez. Esta vez, le daban ganas de dejarse caer.

¿Y ahora? ¿Ahora qué? ¿Cuál es el siguiente paso? Ahora, probablemente, le toca sobrevivir desde cero y adaptarse. Y esperar. Y luchar para que no la pisoteen los de siempre con sueldos miserables y condiciones deplorables, aprovechándose de la palabra «crisis».

Clara es una mujer cualquiera, posiblemente en la treintena, sin camino marcado, quizá porque tuvo mala suerte, quizá porque no llegó a ver claras las señales. Clara eres tú y tú y tú también. Clara soy yo. Clara somos todas. Y todos. 

Hoy, 1 de mayo, es nuestro día. No dejemos que nos hundan. 

Las Claras del mundo también merecen un aplauso de ánimo y apoyo para poner en pie este mundo, que ahora está patas arriba.

Mujer se encuentra al borde de un elevado precipicio. El cielo está lleno de nubes grises.
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