INVENTAR UNA VIDA

Un día más de soledad involuntaria, de rutina impuesta y de versos confinados. 

El sol alumbra un día gris y algunos pájaros, despechados, cantan y revolotean alocadamente porque la vida les pertenece. El mundo les pertenece. 

Le hablo a la nada, que se ha convertido en mi mejor confidente, mientras me tomo el café. Me da temas de conversación para entablar con la vecina del bloque de enfrente, cuando coincidimos para tender la ropa, o para ese breve instante en el que inclinamos la cabeza cuando el momento de los himnos y los aplausos ha terminado. 

Nunca conocí a nadie tan interesante. 

Invento la vida de los que se asoman a los balcones, las ventanas o los que fisgonean tras las cortinas, a veces, se sorprenden y en sus miradas veo esa súplica silenciosa a que siga inventando, les gusta esa vida. 

Veo gente que vive el momento, gente que aprieta el puño intentando comprender y otras que se muerden el labio impacientes para que todo esto acabe. Gente que se distrae imprimiendo sus palabras, derrochando amor en la cocina, torturándose con el deporte o, sencillamente, mirando algún rincón del techo esperando que algo ocurra. Pero no pasa nada porque yo no quiero que pase. 

De vez en cuando, sopla una brisa de aire frío que es como una caricia para recordarnos que aún hay sangre bajo nuestra piel. 

Las estrellas brillan para nosotros, más luminosas y preciosas que nunca y guardan silencio para que dé libertad a mis versos confinados. 

Al igual que yo, muchos lo hacen. 

Y entonces me doy cuenta del regalo oculto, perdimos libertad pero ganamos cautividad. Perdimos nuestra forma de vida pero ganamos amigos, nos descubrimos, nos juntamos en algo. 

¿Cuánto tiempo hacía que no nos sentíamos parte de algo? 

Ganamos en la esperanza que, tras años de no sorprendernos, nos sorprenderá. La promesa de que mañana el sol brillará para nosotros y mis versos confinados serán para aquella muchacha que aplaudía conmigo, tan separados y tan cerca. 

Quizá sea otra de mis invenciones. 

Pero la vida me suplica que siga inventando. 

Le gusta esa vida.

Una mano recoge las estrellas de su vida pintada en un tarro de cristal
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