Guardas, Al-Sabika, en tu roja tierra,
historias que aparecen relucientes
al amparo de la Nevada Sierra,
guardiana de todos tus descendientes.
Sostienes al Castillo de los sueños,
fortaleza y resguardo palaciego,
Señor de Granada y sus lugareños,
que lo admiran a diario con sosiego.
Imponentes las torres vigilantes,
se elevan sobre el cauce de su río,
guardando sus palacios exultantes.
Jardines, fuentes, estancias muy nobles,
se yerguen, hermosas y desafiantes,
siendo orgullo de un pueblo sin redobles.
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