OTROS MUNDOS
Hay otros mundos…
Era una mujer llena de vida y nadie se percataba de ello.
Era como esa flor que nace entre los grises recovecos de las calzadas iluminando con su color una existencia anodina pero a la que nadie le presta un pensamiento porque se ve obligada a correr.
Las agujas del Tiempo se diluían en la dulzura de su mirada, en esa sonrisa inocente que se perdía entre las caras de “nada” de este mundo, de esta sociedad, de esta época que nos toca vivir. Un milagro de la Naturaleza solo a ella concedida y sin embargo era tanto o más anónima que el resto de transeúntes.
Mientras todos jugábamos a ser Dioses del conocimiento, de la belleza, del saber hacer; Ella jugaba a ser Ella. Y era feliz, aunque jugase sola.
Hasta que apareció él.
Esa persona que quiso compartir con ella su soledad y sus pensamientos. Esa persona que quiso poner su nombre a sus sentimientos.
Esa persona que quiso robarle la luz al Mundo.
Y aunque cada latido de su alma fuera suyo, ella comprendía que pertenecía al Mundo, aunque no la mereciese. Ella era feliz donde estaba.
Como esa flor que nace entre los grises recovecos de la calzada y seguirá allí eternamente.
Pero le hizo un regalo. Un susurro que estremeció la piel y quebró el corazón: Hay otros mundos donde me encontrarás.
Encontró algunos y aún sigue buscando.
Y en cada página el Tiempo les rendía pleitesía, para que se enamorasen y se amasen, bajo el suave crepitar de las páginas al pasar.
Hay otros mundos,
que nos esperan al despertar de nuestro letargo…
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