VIAJAR EN EL TIEMPO
Decidió viajar en el tiempo.
Su idea se materializó tomando el primer café de la mañana y, de alguna forma, en su interior sabía que esto ocurriría.
No era un trayecto pretencioso, no iba a comer en la mesa con Jesucristo o a amotinarse contra Cristóbal Colón; nada de eso. Quería volver atrás en el tiempo para regresar a la edad de los sentimientos puros, la Era de los Descubrimientos que toda persona atraviesa en un lugar y en un tiempo determinado. Regresar al momento en el que fuimos felices con ese primer alguien que nos descubrió la Vida.
Mientras lo organizaba se dio cuenta de que necesitaba documentarse meticulosamente; por ello, se preparó la segunda taza de café mientras buscaba a esa persona en las redes sociales.
Los sentimientos se agolpaban en su garganta cada vez que encontraba un rostro familiar de aquella época, algún pariente cercano o alguna amistad de esas que se perdieron en el tiempo, incrustándose en los pilares que constituían el pasado.
Consultaba también un álbum de fotos, que había permanecido oculto en el armario de su habitación durante siglos, para seguirle la huella al tiempo mientras algún que otro recuerdo escapaba de la memoria impresa y le regalaba una textura, un aroma, una sensación… Pequeños detalles que le hicieron darse cuenta de que lo recordaba todo a la perfección. Que no había dejado de vivir en el Pasado. En aquella época.
El mundo que se perfilaba en la sonrisa de aquel rostro, al otro lado del tiempo, se tornó frío. Una comedia de la Humanidad y del Tiempo.
Nada cambiaría.
Afanarse por cambiar las cosas no era un tesoro, sino una condena; el auténtico tesoro era el recuerdo de haber vivido.
Paseó la mirada y sus dedos por todas aquellas imágenes y descubrió que había personas con las que no había pasado tanto tiempo… ¿Y si retomaba el contacto con aquellos conocidos y amigos y recuperaba algo del tiempo perdido?
Aquella mañana decidió viajar en el tiempo.
Nunca imaginó cuánto podría gustarle…
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| Imagen by revistacaos.es |



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