UNA HISTORIA SOBRE LO QUE NUNCA FUE

Se sentó frente al ordenador con su libreta de notas a un lado, aunque la historia ya tenía forma en su cabeza. Era un relato corto, de trama sencilla y final sobrecogedor. Comenzó a teclear y las palabras fueron creando párrafos hasta culminar una historia, la historia del escritor.

Varias lecturas pulieron errores y mejoraron expresiones. Rehízo varias frases y sonrió con el resultado final. Su creación estaba lista para salir al mundo.

Bueno, antes debía pasar por el corrector. Qué valiosa ayuda la suya. Y así fue. Encontró varias erratas de expresión, tiempos verbales inapropiados, oraciones carentes de sentido o contenido y puntuaciones incorrectas. Debía rehacer algún párrafo o cambiar todos sus puntos.

En ese momento se preguntó cómo podía haberse pensado escritor, si acaso, aprendiz de cuentacuentos. En verdad debía aprender, someterse a las reglas del juego, convertirse en rehén de las matemáticas de la escritura. Y es que no puede escribirse tan solo con el corazón.

Quizá aquel relato no era su historia. Quizá su historia no se podía escribir.


Una mujer está sentada frente a una máquina de escribir en una sala con grandes ventanales que hacen que se la vea a trasluz.
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