RETO LITERARIO (LOS SIETE PECADOS)
De una forma u otra, ellos siempre han estado ahí.
Habitando en lo más profundo de nuestro ser, siempre preparados para actuar cuando menos lo esperas, para sorprendernos, porque, también habitan entre las páginas de nuestras lecturas favoritas. Nos referimos a los siete pecados capitales que tanto, y muy bien, han inspirado a grandes autores a crear grandes historias.
Esta mañana de sábado os proponemos un nuevo reto literario, en el que uno de los siete pecados será el protagonista de una pequeña historia.
¿Te animas a jugar con nosotros?
![]() |
| Imagen by Idunneditorial |



Siempre fui un niño solitario, porque me costaba (cuesta) entender los juegos...¿como es este? :(
ResponderEliminar¡Pues aquí eres bienvenido! Este juego consiste en que escribas una breve historia o cuento, de apenas unas pocas líneas o párrafos, donde aparezca alguno de los siete pecados capitales... ¿te animas? ¡Te esperamos!
Eliminarahí va uno:
ResponderEliminarLos 7 pecados
- ¡No puedes hacer nada bien!- le gritó a la pobre mujer que trataba de darle vigor a su alicaído atributo masculino.
- Toma, vete de aquí. ¡No sirves para nada! – le espetó al tiempo que le tiraba unos pocos billetes en la cara.
La pobre mujer los tomó, mirando incrédula lo exiguo del valor de los mismos
- Ojala no se te eleve nunca más – dijo entre dientes, cuidando que él no la escuche, mientras tomaba las migajas que le diera
En la pantalla otras actrices, muchos más voluptuosas que la pobre muchacha, ejercían el más antiguo de los trabajos con una maestría que producía envidia
- Si yo tuviera algo así no tendría este problema – se dijo consolándose, mientras recontaba los billetes de su cartera para estar seguro de no haber dado alguno de más.
Era un hombre rico que podría costearse tranquilamente lo que deseara, pero no había hecho su fortuna regalando el dinero.
Resignado, se dirigió a la cocina y se sirvió una generosa porción de pastel, era su única debilidad y no podía resistirla, de nada le valían las advertencias de ese doctor que visito una vez en que no se sintió bien, respecto al sobre peso y esas cosas.
Con el plato rebosante se recostó en la cama, desde donde continuo viendo la película en la pantalla, era más cómodo que salir a buscar otra mujer
- ¿Para qué? – Se preguntó – son todas iguales. Ninguna sabe apreciar mis dotes varoniles -Se dijo mirando de reojo su desnudo cuerpo reflejado en el espejo del techo, mientras se sonreía a sí mismo al tiempo que engullía otra generosa porción de pastel de chocolate.
(c) Marcial Apuleyo
Muy buen texto, Marcial. Aúna todos los pecados capitales de manera perfectamente hilada. Te felicitamos.
EliminarTe invitamos a conocer nuestra página de Facebook, donde encontrarás a muchas otras personas amantes de la lectura y escritura: https://www.facebook.com/alfinaldelaestanteriallenandovacios/
Un saludo.
Gracias. Ya los sigo hace algun tiempo, aunque no interactue. Adelante gente
Eliminar