DISTRACCIONES
No nació ciego; perdió la vista a los tres años de edad por un desgraciado accidente doméstico. Era capaz, en cambio, de leer a las personas. Sabía descifrar las voces, las pieles, los suspiros, las lágrimas. Podía entenderlos en todos los idiomas del mundo.
La gente lo miraba con pena, incluso con asco; no podía verlos, pero los imaginaba, y los oía murmurar a su alrededor. Él mismo se sentía triste y miserable a menudo por no saber lo que se estaba perdiendo en el mundo, por no poder ser como los demás niños de su edad.
La gente lo miraba con pena, incluso con asco; no podía verlos, pero los imaginaba, y los oía murmurar a su alrededor. Él mismo se sentía triste y miserable a menudo por no saber lo que se estaba perdiendo en el mundo, por no poder ser como los demás niños de su edad.
Tuvo la suerte de poder estudiar en un lugar especializado en personas con dificultades visuales y auditivas. No sabía qué habría sido de él de haber nacido en una familia menos pudiente. Allí, probó un sistema táctil de origen militar. Un tiempo más tarde, se encendió una luz en toda aquella oscuridad de su cabeza, y fue capaz de dar forma a un sistema que permitiría leer y escribir a todas las personas de ojos invisibles —o invisibles a los ojos de los demás— del mundo.
Soñó con ello, soñó… y lo hizo realidad.
Él seguiría leyendo a las personas con sus oídos, con sus manos, con su corazón. Los estremecimientos no eran propiedad de ninguna lengua, así como los orgasmos, la risa o la calidez de un beso. Pero qué experiencia poder conectar directamente el corazón y la cabeza a través de las yemas de sus dedos, algo de lo que la vista nos distrae…



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