CUANDO NACE UNA ILUSIÓN

A Míriam, una nueva ilusión.




A veces, cuando empieza a crearse una ilusión, sentimos incertidumbre, dudas, vacilaciones y temores. Y es que los inicios no son fáciles: náuseas, mal cuerpo, incluso fiebre. Pero las ilusiones son de colores, y no solo rosa o azul, como nos cuentan; y van pintando los días para sobrellevar las molestias, los dolores de espalda, los cambios de humor, los temores que no cesan (y quizá nunca lo hagan).

Cuando esta ilusión comienza a dar pataditas y ya no solo es una foto. Cuando puedes escuchar ese incesante pum pum, rápido como el traqueteo de un tren. Cuando ya le pones nombre, nada puede dañar la felicidad que genera.

Y los sueños vuelan del presente al futuro. Y la sonrisa es permanente, sobre todo, cuando más preocupada estás. Entonces, esa ilusión tiene un llanto, y se hace material, y es preciosa, y frágil, y suave, y es una vida, pequeña e inmensa a la vez.

Y te das cuenta de que va a correr paralela a la tuya y que va a cambiar todos los pasos que hacen tu camino. Y ese cambio es la mayor aventura que podrás vivir: la ilusión de cuidar de una vida que da sentido a la tuya.



Una mujer, embarazada, tiene pintados, en su barriga, unos ojos y una sonrisa.
Imagen by universomujer.com

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