Años impares
Llevaba esperando que acabara el 2019 prácticamente desde que empezó. Los años impares no le habían traído buena suerte y, aunque no creía en esas cosas, estaba empezando a sospechar que le perseguía una especie de conjuro sideral para que cada año impar le pasara algo: perdió a su hermana de forma trágica, su madre murió de pena, su suegro también falleció. Empezó a percatarse entonces de todas las frases patéticas que usamos para consolarnos, ¡qué triste es la incomprensión!.
También perdió el trabajo; lo echaron con motivos peregrinos de improductividad en un trabajo donde no se puede medir cuánto produces; nunca dejó de echar de menos a sus antiguos compañeros.
También perdió el trabajo; lo echaron con motivos peregrinos de improductividad en un trabajo donde no se puede medir cuánto produces; nunca dejó de echar de menos a sus antiguos compañeros.
Además lo operaron de urgencia tras un traspiés tonto por el que estuvo seis meses con una escayola y otros tantos en rehabilitación.
Por todo esto, tenía tanto miedo a los años impares y ansiaba que éste terminara pronto —aún no le había pasado nada «extremadamente malo»— que en el fondo pensaba que un terremoto iba a destruir su casa o le iban a atropellar al perro antes de acabar el año.
Por eso se dio tanta prisa en comerse las uvas y por eso se atragantó…
¡Malditos años impares!
![]() |
| Imagen by depositphotos.com |



Comentarios
Publicar un comentario
¡Gracias por tus palabras!