SOÑADOR

Éramos nadie. 

Dos entes que se cruzaron en medio de alguna fiesta local, un mercadillo navideño con el oro brillante de las luces y las sonrisas francas. 

Su mano, siempre fría en esta época del año, buscaba el calor de la mía, en el interior del bolsillo de mi chaqueta, mientras buscaba en mi hombro un lugar en el que reposar la larga melena con olor a vainilla. 

Me cuenta cosas que mi mente ya sabía que diría y el corazón me palpita más rápido porque me hace comprender que la conozco muy bien. Pero ¿quién es ella? ¿Dónde la conocí? ¿Qué es este sitio? 

Nuestras manos se separaron en mitad de las luces, persiguiendo luciérnagas, tal vez, otros sueños. 

Y entonces la realidad se presenta tal cual es. El escenario de ensueño, el cuento navideño se convierte en la triste realidad de la que todos somos esclavos: Los puestos se desvanecen y dejan paso a un sinfín de árboles recios y raíces interminables; la gente desaparece y donde otrora existiera una pista de patinaje solo queda una explanada de terreno yermo, desnudo y anónimo. 

Su risa, el tono de su voz, la calidez de su persona es un eco que ya no puedo recordar… Y sigo yendo hacia la luz. La misma que nos separó. 

Despierto en un parque abandonado y comprendo que siempre estuve “en casa”. 

Me quito los trapos que me protegen del frío con tanto mimo y nostalgia; mientras intento incorporarme en el incómodo banco que antes me servía de cama y que una vez fue el lugar donde le robé aquel beso. 

No. No, señor. La vida nunca fue lo mismo desde que nos separamos. 

Como si de otra realidad se tratase, veo a la gente caminar, más allá de la valla que separa sus vidas de la mía. Me parece ver entre ellas a la chica de mis sueños. Nos miramos fugazmente, sin darnos importancia. 

Me pregunto si ella soñará conmigo y siento ganas de llorar. Pero las lágrimas se congelan en mi interior antes de que puedan brotar. 

Quizá es la forma que tiene la vida de decirme que los sueños nunca me los podrán quitar. 

Comenzó el día y ya estaba deseando volver a dormir y vivir con ella, para siempre.

En blanco y negro, con luces y sombras, un banco espera a alguien que lo haga recordar
Imagen by Rincón Utopía

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