DÉJENME EN PAZ
Soy nueva en el pueblo. He venido hasta aquí para trabajar en un organismo muy famoso situado en una ciudad cercana, y conseguir una experiencia que espero me abra muchas puertas de cara al futuro. He conocido enseguida a un montón de gente; jóvenes que, como yo, andan persiguiendo su sueño. No hay nada más bonito en la vida que eso: creer que vales para algo y luchar por dedicarte a ello. Quizás pretendamos lograr aquello de hacer que nuestra pasión sea también nuestra profesión, para no tener que ir a trabajar nunca más. Qué bonita sensación debe de ser ésa.
He alquilado una habitación en una casita con otras dos chicas que también trabajan por la zona, buscando reducir los gastos. Todas hemos dejado lejos a nuestras familias, amigos, amores… qué difícil es querer labrarse un futuro bonito y que te dejen hacerlo. La gente del pueblo es muy agradable con nosotras, aunque a cambio hemos perdido nuestro derecho al anonimato: ahora somos el nuevo entretenimiento de los lugareños, «las forasteras».
He alquilado una habitación en una casita con otras dos chicas que también trabajan por la zona, buscando reducir los gastos. Todas hemos dejado lejos a nuestras familias, amigos, amores… qué difícil es querer labrarse un futuro bonito y que te dejen hacerlo. La gente del pueblo es muy agradable con nosotras, aunque a cambio hemos perdido nuestro derecho al anonimato: ahora somos el nuevo entretenimiento de los lugareños, «las forasteras».
El proyecto al que me han asignado parece muy interesante, pero me han dado un papel y unas labores algo aburridas. Pienso que valgo para bastante más, soy muy imaginativa, creativa y tengo una buena formación, pero supongo que es normal. Hay que empezar desde abajo para crecer sobre unas buenas raíces.
Son las fiestas de un pueblo cercano y hemos decidido juntarnos unas cuantas chicas para salir por la noche. No hay mucho más que hacer por aquí, ya que estamos un poco en mitad de la nada. Para dormir y pasear, es genial, pero somos jóvenes y venimos de ciudades más grandes, por lo que el cuerpo nos pide algo más. Nos preparamos, nos ponemos guapas y salimos. Más miradas de los vecinos. Con intención de romper el extraño clima que se ha creado en torno a nosotras y normalizar la situación, voy saludando a todas las personas que nos encontramos en nuestro camino.
Las fiestas resultan ser más divertidas de lo que creíamos. Parece que nos lo vamos a pasar bien en el tiempo que estemos por aquí, que no sabemos cuánto será. Hemos conocido a algunos chicos muy majos mientras bailábamos, y seguimos la fiesta con ellos.
Es tarde y estoy cansada. Aún no me he acostumbrado a tantos cambios. Decido marcharme a casa a descansar, mañana quiero hacer una excursión por la zona y tomarme un poco de tiempo para mí, para leer, escribir… Pasar el día con una horrible resaca no entra en mis planes.
… pero no llego a casa. Cuando mis compañeras van de recogida, un par de horas más tarde, creen que estoy dormida, pero mi cama está vacía. Al día siguiente, dan la voz de alarma. Nadie parece haberme visto. Me he esfumado. Mi familia, preocupada porque mi móvil está apagado, decide trasladarse al pueblo lo antes posible.
Me encuentran unos días más tarde. Alguien ha usado mi cuerpo a su antojo y reventado mi vida y mis sueños. Os ahorraré los detalles de mi lamentable estado físico, pero el daño es tan grande que nunca nada ni nadie podrá remediarlo.
Me llamaba Marta.
Me llamaba Laura.
Me llamaba Leticia.
Me llamaba Arantxa.
Me llamaba Diana.
Tenía mil nombres, mil caras, mil formas.
Pero para muchos solo seré…
La que iba sola de noche.
La que llevaba la falda muy corta.
La que flirteaba con desconocidos.
La que era fácil.
La que era demasiado confiada.
La que usaba Tinder.
La que estaba en compañía de varios chicos.
Incluso la que paseaba sola por la calle.
Déjenme morir en paz al menos, que ya la vida se me ha ido de las manos.
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| Imagen en #caroldrive |



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