Todos hemos tenido de pequeños esos libros maravillosos para colorear; nos podría gustar más o menos esa actividad, a veces mandada como deberes en el colegio, otras por nuestros padres para disfrutar de un ratito de tranquilidad y otras, porque nos encantaba salirnos de las líneas y hacer garabatos o nuestras primeras obras de arte.
Por eso, cuando nos dicen que nuestros sobrinos han seguido nuestros pasos y también se entretienen coloreando, corremos y saltamos de alegría...
 |
Comentarios
Publicar un comentario
¡Gracias por tus palabras!