TRISTE HISTORIA DE VERANO

Lo vi sentado junto a aquel cartel en el borde mismo de la carretera. Detuve el coche y me acerqué lentamente hasta él. Ni se movió. No sentía temor ni recelo alguno, porque el desconsuelo y la decepción, inundaban todo su ser. Las orejas gachas y los ojos vidriosos mostraban su corazón partido en pedazos y me contaban la triste historia de una traición.

Llegó en Navidad envuelto como regalo. Le dieron risas, comida y una cama caliente, y él se lo devolvió dándoles todo el amor del mundo. Un día cargaron el coche de maletas y útiles de playa, pero ninguno de sus juguetes

No hay mayor traición que recoger todo el cariño de un alma y tirarlo después en una cuneta cuando estorba. Aquel pequeño ser de cuatro patas había topado con lo más miserable de este planeta.

Le di agua y le invité a subir a mi coche. Jamás vi unos ojos más tristes que aquellos. Sin embargo, al poco, el movimiento de su colita me mostraba que había un corazón que estaba volviendo a funcionar. Porque la nobleza no se aprende, se lleva en la sangre. 
Un perro, sucio y empapado, mira con tristeza a cámara
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