MAÑANA PUEDE SER VERDAD

Señor Ibáñez Serrador - Es prácticamente imposible no dejar rastros... Siempre quedan huellas..., huellas que un ojo experto puede descubrir y analizar... Una serpiente deslizándose sobre la tierra deja a su paso una huella estrecha y viscosa... Un asesino al regresar de su crimen también suele dejar sus huellas. Quizá con sus zapatos sucios de barro o con sus dedos que, después de estrecharse en torno a una garganta, sellan allí donde tocan una marca dactilar inconfundible... Tal vez si ha usado un cuchillo, un hacha o simplemente una pequeña hoja de afeitar, deje como remate al último grito que dio su víctima los alucinantes puntos suspensivos de un largo reguero de gotas de sangre las huellas..., qué importantes son... Esta mesa, por ejemplo, está llena de huellas... ¿Ven? (LAS SEÑALA.) ¿Ven? ¿Ven aquí...,y aquí? Yo también dejé mis huellas...(TRANSICIÓN.) Una gota de "tucco" compuesto con los mejores tomates de Bolonia...,ralladuras infligidas a un soberbio queso de Parma, el aroma inconfundible de una copa que estuvo rebosante de Frascati..., migajas de un tierno panecillo amasado con purísima harina turinesa y, por último, una espiral hecha con lo que fue la envoltura de una fragante naranja siciliana. ¿Ven ustedes lo importante que son las huellas? Bolonia, Parma, Turín...Sicilia. No hay duda; en la cocina de este tren se usan sólo productos importados o nos hallamos atravesando alguna región de la alegre, histórica y soleada península italiana, lo cual es lo más probable, primero, por todos los detalles que les he señalado, y segundo, porque conozco el guión que vamos a ofrecerles y sé que se desarrolla precisamente en Italia. En un vagón de tercera clase viaja el señor Narciso Ibáñez Menta que tendrá a su cargo el protagonista de nuestra historia de hoy. Es una historia extraña, alucinante..., se trata... No, perdónenme, pero prefiero no adelantarles nada ni entrar en detalles. Todo lo que sucede es tan horrendo que me estropearía la digestión de esta espléndida comida. Ahora, si ustedes poseen un estómago fuerte...

[...]

Les aconsejo que vean este capítulo... En él les narraremos algo que por lo fantástico puede que les parezca imposible... pero, eso sí, recuerden que mañana..., "Mañana puede ser verdad".

-Luis Peñafiel-

*El texto es un fragmento del guión que Narciso Ibáñez Serrador, bajo seudónimo, escribió para el capítulo Los bulbos (1964) enmarcado en el ciclo Mañana puede ser verdad, siendo anterior a Historias para no dormir y constituyendo una obra pionera del suspense y la ciencia ficción en Televisión Española
**Este fragmento ha sido extraído de la revista Historias para no dormir (Vol.VI, Núm.6, Junio de 1972)

Chicho Ibáñez Serrador posa ante la cámara rodeado de una amplia biblioteca al fondo
Imagen by El País



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