NO DESESPERES
HORÓSCOPO: No desespere, el amor que tanto ansía llamará esta noche a su puerta…
La idea surgió como la muerte súbita, rápida e indolora.
Cansado de los días con sabor a whisky barato y humo de Lucky Strike, acompañado por la soledad del espíritu y las no siempre reconfortantes palabras del horóscopo de algún periódico gratuito, me dije que todo tenía solución. Sí, todo…
Fumaba mientras miraba con desdén las líneas de la predicción y me pregunté cuánto valdría mi sufrimiento, cuánto le pagarían a quien se encargara de insuflar ánimos a través de esas cuatro líneas… ¿Cuánto le importábamos?
El cigarro se consumió como yo lo estaba haciendo. Aún me quedaban pulmones para otro más. Exhalé el humo y continué mirando mi horóscopo. Tuve que reírme solo. Pero ¿qué sabía esta persona de mí para decirme “no desesperes”?
Hacía dos meses, una semana y un día, que Alicia sin la menor explicación me dijo que necesitaba un tiempo. Que estaba muy agobiada y que necesitaba espacio para pensar. Quise pedirle que me explicara porque no lo entendía, pero ella ya se había marchado… Desde entonces, malvivía en mi piso. No recibía visitas, no quería ver a nadie. Solo bebía y fumaba y leía y releía el periódico buscando una palabra de aliento, algo que me motivara a salir de este agujero negro. Y al igual que a veces odiaba a Alicia y otras la echaba de menos a rabiar, el horóscopo a veces me hacía creer que algo mejor llegaría.
Y no. No llegaba… Pero después de tanto pensar, sabía cuál era la solución.
Tenía que salir de casa, seguir luchando por mis sueños, rodearme de los que más me querían. Dejarme arropar, querer. Vivir. Y solo de pensar que esa era la solución se me vino el mundo encima, yo ya estaba muy cansado para esos trotes. Mucho. No. Mi solución se presentaba ante mí como una obra de arte moderna.
Me serví otro traguito mientras contemplaba mi obra. Aquella escalofriante silla, en mitad del salón. Justo debajo de la soga que había colocado en la viga del techo. Eran las once de la noche y para cuando me encontraran ya sería tarde.
Apuré el whisky y riéndome del horóscopo me fui acercando a la silla.
- No desesperes – me sorprendí escuchando mi voz-, a que esto no lo habías visto en tus predicciones, ¿eh?
Con parsimonia introduje la cabeza por la soga. La ajusté y miré al techo, como si estuviera viendo a Dios, porque por fin descansaría de todo. Casi sin darme cuenta, tiré la silla de un traspié, sentí una increíble tensión en el cuello y un fuerte crujido en la base de la columna. Empecé a convulsionar y un pensamiento cruzó mi cerebro: Esto iba a ser lento.
E inoportunamente, alguien llamó a la puerta de casa.
Era Alicia.
Decía que lo sentía.
Decía que me amaba.



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