DOS CAMINOS
Sobrevivió
a aquello, no supo cómo y, por un tiempo limitado, tampoco dónde se
encontraba. Pasó la noche rodeada de árboles, de hierba, de verdina… de
frutos caídos en esa tierra enrojecida. Con un fuerte dolor de espalda y
un gran moratón en su pierna izquierda, sacó fuerzas para levantarse,
aún desorientada. ¿Qué hacía en ese maldito bosque?
El
sol resplandecía las hojas perennes, aún sostenidas, y las caducas ya
en el suelo. Alzó la vista divisando dos caminos. Sin saber cuál
escoger, algo en su interior le decía que en uno de ellos le esperaba
algo nuevo, diferente, un mundo merecido del que había estado esperando
media existencia. Con la incertidumbre de no saber a qué se atenía, pero
con la esperanza de encontrar algo mejor, escogió sendero arriba y con
más riesgos o sin ellos, tomó rumbo sin destino certero, pero con
desbordada y apabullante energía.



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