NO SOY YO, SOS VOS
Era un sábado cualquiera, una noche cualquiera, aunque la compañía no era cualquiera. Por fin, habíamos conseguido quedar mis amigas y yo para salir a darlo todo. Fuimos a una zona que no conocíamos bien, aunque decían que había mucho movimiento. Y lo más importante: los locales de moda tenían entrada gratuita. Ideal para tiesos.
Y allá que fuimos a la pista a mover las caderas y a pasarlo bien. Y en ésas andábamos, cuando, de repente, vi entrar por la puerta a un modelo de Armani iluminado por un rayo de luz divina. Entiéndase la metáfora: el chaval estaba tan bueno que se podían aliñar ensaladas con él. Misteriosamente, me devolvió la mirada y se acercó a hablar conmigo. Yo, ligando de calle. Inaudito.
He de decir que, de cerca, el muchacho perdía un poco, era algo así como… operación quisquilla (que no llega ni a gamba), pero empezó a hablarme con ese marcado acento argentino y se me olvidaron sus falsas lentillas azules y sus mechas rubias repeinadas. Había ligado, señoras. Y mis amigas de paso también.
Hablamos del más y del menos, de todo eso que se puede hablar con la música a todo volumen, o sea, de casi nada. Me contó que llevaba poco tiempo en la ciudad y que, previamente, había vivido unos meses en Italia, y me soltó su frase estelar para ligar: “te porto en el cuore”. No daba una, pero era una monada.
Acabamos la noche entre besos y con la promesa de volver a vernos con más calma. Y lo cumplimos, nos vimos alguna que otra vez más. La pasión siguió su curso, como era de esperar. Hasta que, una noche, en la sobremesa, me dijo que quería contarme algo. Permanecí inmóvil, esperando alguna declaración del tipo “tengo esposa y cinco hijos” o “en realidad soy gay y vos sos mi tapadera”, o el más dramático: “me queda poco tiempo de vida y quiero pasarla con vos”. Pero no.
Comenzó a hablarme de Los Serrano.
Los
S
e
r
r
a
n
o.
Me contó un episodio enterito, allí, tumbado en la cama, desnudo. Y lo tomó por costumbre, a partir de ese momento.
Me di cuenta entonces de que lo nuestro no podía ser. Él, yo y Los Serrano... demasiada gente en la cama.
Y el resto… es historia.
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