CALMA
Sentada en el sillón más cómodo de su casa, dejando pasar las horas. La tristeza le inundaba como quien deja avanzar sus años más fructíferos. Con la sensación de que todo lo bueno que transitaba por delante, debía ser dolorosamente rechazado en su vida.
Se levantó, salió de aquellas cuatro paredes, caminó y caminó hasta llegar a su lugar favorito.
Llegada allí, tocó su tacto con los pies descalzos, la arena. Abrió los brazos y sintió el aire bendito en su cuerpo casi despojado por completo de vestiduras. Olió a salitre.
Mar profundo, en calma,
Mar que ahogas todas las penas...
Despacio, pero con paso firme a pesar de las ondulaciones de la tierra, llegó hasta la orilla. Y de pronto se zambulló en aquellas olas, arrastrada por ese ensueño. Dejó de sentir pesar; el dolor desapareció, la frustración y la rabia se marcharon. Su pelo alborotado, su piel desnuda rodeada de agua salada y el sonido de su corazón lento, pausado... Y allí quiso perderse. Allí quiso renovarse y comenzar de nuevo. No necesitaba nada más. Su mar...
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| Imagen by Erika Craig |



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