YO, MUJER

Soy mujer. Mujer consciente y libre. 

¿Libre?



“No te vuelvas sola de noche”, me decía mi madre. Nos educaron, desde pequeñas, para que nos cuidásemos ante los depredadores, pero también para que cuidásemos de los hombres. Era lo normal, como si ellos no tuviesen capacidad ni de valerse por sí mismos, ni de contenerse. Niñas responsables de todo y todos. Niños libres y sin obligaciones, ni siquiera sobre sí mismos. 


Nosotras, mujeres, sirvientes. 
Nosotras, criadas. 
Nosotras, madres. 
Nosotras, complementos de ellos. 
Nosotras, de segunda clase en nuestra propia vida. 

Ellos, hombres, experimentados. 
Ellos, machotes.
Ellos, cabezas de familia. 
Ellos, proveedores. 
Ellos, dominantes. 
Ellos, simples.
Ellos, protectores. 

Y ellos… ellos, callando en lugar de alzar la voz contra estos roles establecidos. Sin pensar que uno no sólo se define por lo que dice, sino también, e incluso más, por lo que calla. 

Y así empezó TODO.

Empezó hace tanto tiempo que tenemos tatuado en las entrañas nuestro papel en la sociedad. Y ellos el suyo. Actor principal y actriz secundaria. Y por mucho que nos empeñemos en mejorar, en pensar, en hablar y en cambiar… seguimos teniendo el machismo incrustado en los párpados. 

Nosotras, mujeres, vírgenes. 
Nosotras, delicadas. 
Nosotras, femeninas. 
Nosotras, con dueño. 
Nosotras, atadas. 
Nosotras, calladas. 
Nosotras, pasivas. 

Pequeñas violencias domésticas, desde siempre, nos fueron marcando a medida que nos hacíamos mayores. Pequeñas violencias domésticas que a ellos les fueron dando un poder que ni merecían, ni entendían, pero que siguen sin repudiar del todo, en muchos cómodos casos.

Nuestros legisladores nos acaban de lanzar un mensaje muy importante para nuestra sociedad. Esta sociedad tan moderna, tan avanzada, tan innovadora, tan respetuosa, tan, tan, tarán. Y este mensaje se parece alarmantemente a los que nos recitaban de pequeñas y no tan pequeñas:

No vayas sola de noche. 
No hables con extraños. 
No sonrías. 
No seas facilona. 
Párales los pies. 
Lo que te pase es culpa tuya. 
No te expongas. 
¿Qué hacías por ahí con cinco tíos?
Deberías haber sabido lo que te iba a pasar.
Los hombres no planean nada bueno.

Tú, hombre, deberías rechazar esto. El mensaje no sólo nos afecta a nosotras, sino también, y mucho, a vosotros. Sois juzgados como incapacitados mentales, que no saben controlarse y de los que hay que protegerse todo el tiempo.

El sexo ha de ser consentido, y esto no debería necesitar aclaración. El sexo sirve para que dos personas, o tres, o diez, gocen, según su pleno derecho y libertad. El sexo es algo hermoso, puro, natural. Pero veo la meta tan lejana cuando leo cosas como: 
“... seguro que cuando se la follaban, 
ella pedía más, 
pero cuando se enteró de que había un vídeo, 
quiso denunciar”.
He aquí el pareado del heteropatriarcado.
Qué cabe esperar de un país en el que la educación sexual se basa en el porno y en el reguetón.

No te resistas, si quieres salir ilesa.
Relájate y espera a que pase. 
Pero luego no esperes que nadie te crea. 
Luego, amiga mía, no esperes que nadie te crea si no vas con el labio partido. 
Porque ellos dirán que tú querías y que te lo pasaste pipa. 
Consentimiento “un poco viciado”.
O mejor, resístete todo lo que puedas. 
Haz que te peguen. 
Haz que te maten. 
Muerta podrás afirmar que fue como tú decías.
Sé una Maria Goretti de la vida. 
Defiende tu honra. 
Aunque antes de matarte, te violen igualmente.

Estamos despertando. Y nos están mandando a dormir.
Violencia institucional en el ámbito jurídico.
Victimización secundaria.
Somos ciudadanas de segunda.

Basta de interpretaciones de la ley.
Basta de interpretaciones sobre nuestras vidas. 
Basta de interpretaciones de nuestra libertad.

Llenad las calles, hermanas. Hoy, mañana y siempre.
Somos violeta, y de todos los colores que nos dé la gana ser.
Llenad las calles, hermanos. Hoy, mañana y siempre.
Esto también es cosa vuestra. Somos cosa vuestra, pero no somos vuestra cosa.

Que nos llamen locas.
Que nos llamen histéricas.
Tenemos motivos de sobra.


Yo, mujer. Mujer que recibe su propia libertad como un regalo del viento.
Imagen by Gamma1950

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