ESCENA II. LA MUJER ALTA (VERSIÓN TEATRALIZADA)
Segunda parte de la versión teatralizada del relato homónimo de Pedro Antonio de Alarcón (1882).
Encontraréis la primera escena aquí o pinchando en el hashtag "lamujeralta".
Que lo paséis de miedo...
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Cambio de iluminación. Bien enfocada toda la escena y música ambiente (pájaros o riachuelo). Sale Gabriel acompañado de Pablo, Eduardo y Sebastián (todos ellos compañeros de la carrera de Ingeniería). Aparentan unos cuarenta y tantos años, adinerados, bien vestidos, elegantes informales. Se encuentran en una pradera y portan bebidas y alguna que otra fruta. Todos van contentos y riéndose.
Pablo- (Entre risas) Pero, ¿qué dices? Para empezar no has pisado suelo extranjero en tu vida.
Eduardo- (Algo más serio, queriendo convencer) Os digo que es verdad. Lo vi en una pradera a las afueras de Montpellier.
Sebastián- ¿Y de qué color dices que eran sus ojos? Ah, sí, amarillos, ¿no?
Pablo- Y cinco jorobas en la espalda, ¡vamos, Edu!
Eduardo- No me creéis, ¿verdad? (se da la vuelta, dando la espalda a sus amigos y saca dos bolitas amarillas de sus bolsillos. Se las pone en los ojos). Y ahora, ¿qué? (hace un amago por asustarlos)
Sebastián- (Ríe con más fuerza) Desde luego, eres increíble. ¿Cuándo madurarás?
Pablo- A estas edades, amigo mío, poco esperes ya...
Eduardo- ¿Me estáis llamando inmaduro?, ¿delante de mis narices?, ¡par de zoquetes! Reírse un poco debería ser costumbre sana, y es más, deberíais daros cuenta que hacer reír a los demás habría de ser catalogado de persona inteligente.
Pablo- No dudamos de tus ganas por animar el cotarro.
Sebastián- Está claro que eso no lo ponemos en duda.
Pablo- Como tampoco ponemos en duda, la imaginación que tienes.
Eduardo- ¿Y no es eso otro signo de inteligencia?
Sebastián- ¡Oh, por dios, Eduardo! ¡deja de hacer demagogia!
Eduardo- ¿Demagogia dices ahora?, pero (se acerca a Gabriel, que hasta ahora había estado callado escuchando a sus amigos) ¿qué dices tú, Gabriel?, ¿también me crees un inmaduro?
Gabriel- (Hace un pequeño silencio; éste, a pesar de haber estado riéndose levemente de la conversación, se ha mantenido un poco alejado tanto en el espacio como en el tono de la broma). Creo, sinceramente, que eres una persona muy inteligente.
Eduardo- (Rodeándole con su brazo al cuello). ¡Ajá!, ¿habéis visto?, menos mal que mi buen amigo Gabriel me tiene buena estima. Pero ya sé lo que os pasa... lo de siempre...
Sebastián- ¡Ya estamos!
Eduardo- Es verdad, siempre me habéis envidiado, sobre todo tú, Sebastián.
Sebastián- De eso hace muchos años, siempre estás con lo mismo.
Eduardo- ¿Cómo estudiando tan poco, llegué a sacar las mejores notas de nuestra promoción?
Sebastián- Bueno, ahora no hay nada de lo que envidiar.
Eduardo- En eso llevas razón, la vida te ha tratado bien desde entonces.
Pablo- (Desde la intervención de Gabriel lleva observándolo. Se acerca a éste). ¿Y a ti qué te pasa? Llevas buen rato callado, apenas si se diría que estás disfrutando de una conversación con viejos amigos.
Sebastián- Y fue tuya la idea de hacer esta excursión por estos parajes...
Gabriel- No, no me pasa nada en absoluto. Simplemente, a cuenta de la burla, recordé una historia que me trastocó bastante en su tiempo y que de vez en cuando, en ciertos momentos, viene a mi memoria.
Pablo- Pues bastante triste debe de ser para estar con la mente en otros lugares.
Gabriel- Yo no diría... triste.
Sebastián- Sea lo que fuere, ¿por qué no nos lo cuentas?
Gabriel- (Pequeño silencio). Está bien, creo que no me tacharéis de visionario, a pesar del relato ya contado aquí, a modo de broma y sabiendo que no me tenéis por oscurantista, espero por lo menos, me toméis en serio.
Eduardo- No te preocupes, no tienes la fama que yo.
Gabriel- Pues veréis, pasó hace algunos años ya, y como os he dicho, la tengo presente en mi memoria. No sé si recordaréis a un tal Telesforo Alarcón, también ingeniero, que murió no hace mucho tiempo.
Sebastián- (A modo de burla) ¡¿Telesforo?! Con ese nombre debería acordarme.
Pablo- ¿No fue ese Telesforo el primero de su promoción en la Escuela?
Eduardo- Sí, ya sé quién es. Era un joven brillantísimo, hijo de un acaudalado terrateniente de Jaén.
Sebastián- ¡Ah, sí!, murió hace un par de años, ¿no?
Gabriel- Exacto. El caso es que antes de que falleciera, fui a visitarle tras enterarme de que su novia de toda la vida, había muerto de repente.
Eduardo- La pobre Elena... perdóname, Gabriel, pero dudo que fuera de repente, la muchacha padecía una enfermedad.
Gabriel- No para morir de improviso. El hecho es que al encontrarme en su casa, lo noté muy afligido, y en apariencia dueño de su dolor, circunstancia clara en estos casos. Me llevó hasta su despacho particular, mientras me decía por el camino lo mucho que se alegraba de verme, y allí comenzó a relatarme un suceso particular y extraño.
Sebastián- ¡Por dios, Gabriel! Empieza ya...
Pablo- (A Sebastián) Todos estamos en ascuas, paciencia.
Gabriel- Gracias, Pablo.
Eduardo- La paciencia nunca ha sido tu virtud, ¿eh? Prosigue, Gabriel.
Gabriel- Telesforo me comentaba que una noche, hacía tres años de lo acontecido cuando me lo relató, volvía a su casa a las tres de la madrugada tras salir de una especie de casa de juego, donde ya se habían arruinado muchas personas, a la cual le habían llevado a él por primera vez y última. El caso es que perdió todo lo que llevaba y aún quedó debiendo un dineral. Se arruinó por completo, y si no fuera por la herencia de su acaudalado padre, su situación hubiera sido más angustiosa y apurada.
Sebastián- Vaya, vaya, con el tal Telesforo.
Gabriel- Al salir de allí, Telesforo se encontraba hundido, maleante, perdido por las calles como sin rumbo fijo...
Suenan rayos. El buen clima cambia por completo y empieza a caer leves gotas de lluvia.
Pablo- ¡Oh, oh! Creo que nos vas a tener que seguir contando tu historia en otro lugar si no queremos coger una pulmonía.
Gabriel- Sí, va a ser lo mejor.
Eduardo- Allí a lo lejos veo una cueva.
Sebastián- ¡Pues, corred que aprieta!
Todos salen hacia la izquierda aligerando el paso. Vuelve a sonar un rayo y con más fuerza la lluvia. Cambio de ambientación que dará lugar a la siguiente escena.
Continuará



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