Anoche vi llorar a la luna
Anoche vi llorar a la luna.
Desde el pequeño ventanuco de una habitación maltrecha, donde la amargura me había llevado, contemplaba el cielo ennegrecido. Una oscuridad insondable se extendía, famélica, hacia los confines del vasto firmamento. Desde allí arriba, orgullosa, rodeada por un nimbo de diminutas llamas irisdiscentes, me observaba ella, con la soberbia brillando en su mirada. Cuán miserable debió parecerle este pobre hombre de juventud envejecida.
Con ojos vidriosos miré a lo alto, a aquella presencia decadente, quedando mis pupilas inundadas en su belleza rutilante.
Y en aquel efímero momento, como es el tiempo en sí, acompañado únicamente por la tenue luz de una mísera vela, le hablé de mí, le hablé de ti…
Le hablé de mi mala suerte.
Le confesé que estaba condenado, maldito… penado por la soledad.
Le conté de ti. De la última vez que te vi sonreír, del último adiós… de la manera cruel en que me arrancaste el alma; dejando solo un cuerpo vacío, despojado el espíritu y muerta la voluntad.
Y entonces la vi llorar.
Vi llorar esos ojos de plata
Envuelto por la inmunda agonía de un ser repudiado, desterrado en el exilio de los sentimientos, no llego a comprender, como un astro celestial se conmovió ante mi lastimero relato… Y tú, mientras de mí te alejabas, dejándome el corazón por siempre mutilado, ni siquiera volviste atrás la mirada.
Anoche vi llorar a la luna.



Comentarios
Publicar un comentario
¡Gracias por tus palabras!