PROTEGERSE

Al principio era una noticia un tanto extraña en los informativos televisivos pero, poco a poco, empezó a no hablarse de otra cosa. El virus se propagaba con facilidad por lo que su expansión estaba siendo muy veloz. La preocupación crecía cada día y ocupaba todas las conversaciones.

Alarmada, se aprovisionó de comida para varias semanas y corrió a la farmacia a comprar medicinas y todas las mascarillas que pudo, pues apenas quedaban ya. Debía protegerse, y a sus hijos, más aún. No podían contagiarse de aquel mal que se extendía sin remedio por cada rincón, envenenando a todo el mundo.

Una noche se presentó en casa su expareja, violando la orden de alejamiento. Quería ver a los niños, decía mientras vertía, a gritos, los peores insultos contra ella. Echó la puerta abajo y, con el cuchillo que traía, le asestó varias puñaladas en el abdomen mientras continuaba gritando lo desgraciado que le había hecho ser.

Esa noche, mientras se desangraba en el suelo observando el horror en la cara de sus hijos, no hubo nada que la protegiera de aquel mal que se extendía sin remisión y que había llegado hasta su misma puerta.

Una mujer, ataviada con una mascarilla, mira hacia un lado con expresión de miedo
Imagen by Cadena SER

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