MADRES
Mi madre no fue al colegio, apenas sabía leer; siempre decía que lo que sabía, lo había aprendido sola, con una cartilla, juntando letras. Pasó hambre, mucha hambre, y empezó a servir a los señoritos desde bien pronto. Era una niña de posguerra – pero muy guerrera – en uno de esos pueblecitos blancos que ahora están de moda, y que entonces sembraban sus calles de muerte y miseria.
Mi madre se casó mayor - para su época -, y siempre decía que en la vida daba tiempo de todo hasta aburrirse. Cinco vidas se pulieron protegidas en sus entrañas, dándonos luz a este mundo, maravilloso y absurdo.
Mi madre se casó mayor - para su época -, y siempre decía que en la vida daba tiempo de todo hasta aburrirse. Cinco vidas se pulieron protegidas en sus entrañas, dándonos luz a este mundo, maravilloso y absurdo.
Mi madre se tambaleaba sobre su educación, clásica y machista, y los nuevos tiempos que vivía a través de los ojos de sus hijas e hijos. Como decía mi hermana, mi madre era feminista… pero no lo sabía.
Han pasado casi dos años desde que se fue y no hay día en que no piense en ella o necesite contarle algo. Aprovechad el tiempo, que no es eterno.
Hace poco, descubrí una cosa: las madres son también personas, personas a las que muchos no nos esmeramos en conocer porque creemos que son sólo eso, nuestras madres. No podemos estar más equivocados.
Mirad a vuestro alrededor: una infinidad de madres en todas las formas y colores nos acompañan en este caminar. Madres jóvenes, madres maduras, madres abnegadas, madres 3% egoístas, madres que se quejan, madres cansadas, madres que sonríen, madres con hijos, madres sin ellos, madres que no han parido pero cuidan de los demás, madres con hijos de cuatro patas… Madres, todas ellas madres.
Feliz día.

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