VIDA A LOS MUÑECOS
Era noche de Reyes y en su carta no pidió ni patines, ni consolas, ni balones, ni disfraces nuevos. Se metió en la cama y, casi como quien reza sin verdaderamente hacerlo, rogó que sus muñecos, sus mejores amigos hasta la fecha, aquellos con los que podía jugar sin que les hiciesen daño, pudieran hablar y moverse por sí solos.

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